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EL RIESGO SUBJETIVO - El escalador

Los escaladores no pueden controlar la naturaleza física y los riesgos objetivos de las montañas, ni pueden tampoco controlar por completo los factores psicológicos que forman los riesgos subjetivos. Cuando se analiza de nuevo un accidente, siempre se encuentran causas objetivas y subjetivas - ninguna de las 2, sola, es suficiente. Las fuerzas destructivas que diariamente se encuentran en las montañas no tienen consecuencia a menos de que un ser humano se ponga en su camino en el momento crucial. Los factores subjetivos y controlables causan raras veces por sí mismos la muerte, pero, en algunas ocasiones, colocan al escalador en curso de colisión con uno de los riesgos objetivos. Es la combinación lo que resulta peligroso. Una pendiente puede estar madurando para una avalancha al día siguiente: un escalador que no tenga conocimientos de la estructura de la nieve, puede desencadenarla hoy. Una roca, que se debilita poco a poco a causa de los procesos naturales puede estar lista para caer la semana que viene: el peso de un escalador descuidado puede hacerla caer hoy. Este factor subjetivo, que lleva a un escalador particular hasta un cierto punto de peligro en justo el momento peligroso, se encuentra casi siempre en la base de un accidente de escalada.

El alpinista que busque controlar el peligro, se preguntará qué factores del riesgo subjetivo pueden ser controlados. En cada fase de la escalada existen elementos subjetivos: la dirección del grupo, la elección de la ruta, los compañeros, el equipo y las técnicas, el esfuerzo utilizado en adquirir la habilidad y los conocimientos, la condición física, incluso, hasta cierto punto, una filosofía básica de la aproximación al montañismo. Si se ha prestado toda la atención posible a estos elementos, el peligro físico potencial no podrá nunca triunfar.

El más mortal de todos los peligros psicológicos es la ignorancia: la falta de experiencia, el escalar por encima de sus habilidades, la falta de seguridad a causa del miedo o la aprensión, la falta de juicio; el segundo es su compañero, el exceso de confianza. Los peligros de la ignorancia pueden evitarse a través del estudio y la experiencia; la base del conocimiento del montañismo que debe tener un buen alpinista es la envergadura de este manual. Sin embargo, incluso el escalador más experimentado puede ser culpable de exceso de confianza.

Las personas que tienen tendencia a lucirse, pueden ser inducidas por su ego a escalar por encima de sus posibilidades, sin ningún margen de seguridad para lo inesperado. Una forma más sutil de exceso de confianza aparece con la familiaridad con una cierta escala: algunas personas han muerto porque un compañero fuerte y experimentado pensaba que con un grupo de principiantes podía repetir una escalada hecha anteriormente con expertos. El exceso de confianza del grupo - la creencia errónea de que existe una seguridad en los números - es un peligro insidioso, y es deber del guía el controlarlo. Otra actitud, no especialmente peculiar de los escaladores, sino más bien común a todos los individuos, es el sentimiento de morar bajo un paraguas proporcionado por su propia providencia especial, que los accidentes solo pueden ocurrirles a los demás.

Un aspecto adicional del exceso de confianza es el hecho, generalmente reconocido, de que la habilidad individual varía según los momentos, debido a factores psicológicos y fisiológicos difíciles de explicar. Todo alpinista experimentado se acordará de aquellos días en los que su escalada carecía de sentimiento normal y en los cuales tenía dificultad en superar tramos que se encontraban por debajo de sus habilidades. Si un falso orgullo le impulsa a persistir en una escalada difícil durante uno de estos días. puede que el peligro se desarrolle. El montañero prudente aprende a reconocer sus limitaciones corporales como una condición física inadecuada, un esfuerzo excesivo, cansancio, calambres musculares, mal de montaña, deshidratación, ampollas incipientes o un descenso temporal de sus habilidades y reacciona ante ellas evitando que éstas se conviertan en causas o agravantes de un accidente, eligiendo quizás un objetivo más fácil, sin dejar por ello de divertirse.

Una gran parte de la seguridad de la escalada se encuentra en la aptitud física y técnica. El seguidor miedoso, el exhibicionista presuntuoso, el tradicionalista rígido, todos ellos se encuentran en situaciones en las que sus técnicas crean los resbalones que están intentando evitar o contra los que intentan protegerse. Un compromiso para toda la vida con el método mejor, un deseo de considerar, una disposición para estudiar, para adoptar, practicar y perfeccionar las habilidades del deporte no debe cambiarse por ningún otro factor en la seguridad.

Los peligros subjetivos están presentes en cada escalada. Su control se encuentra en el conocimiento de todos los variados factores que influyen en el juicio y el poder de tomar decisiones en las montañas. El escalador que adopta esta perspectiva no se contentará nunca con avanzar titubeando o aventurarse por un camino de ascenso o descenso de una montaña.

Los factores acumulativos

Aunque muchos accidentes ocurren como un suceso inesperado, otros, retrospectivamente, pueden haberse desarrollado paso a paso - siguiendo una especie de lógica despiadada - hasta que culminan en un trágico final.

Un típico ejemplo puede empezar con un alpinista dormilón que, con las prisas para recobrar el tiempo perdido, se va de casa sin su piolet. Durante la escalada, la superficie de la nieve es lo bastante blanda para seducirle a seguir ascendiendo, aunque sus compañeros deben asegurarle. Puede que el regreso continúe sin contratiempos, pero una caída o una tormenta repentina pueden acarrear los contratiempos y el grupo se encontrará retrasado, sin luz y sin el equipo necesario para asegurar la supervivencia de todos sus miembros.

En ciertas ocasiones, se pueden reconocer estos posibles accidentes mientras se desarrollan, pero no siempre. Un responsable alerta puede hacer regresar a su grupo equipado defectuosamente ante un empeoramiento obvio del tiempo, pero siempre existen aquellos días en los que todo parece empezar mal e ir empeorando cada vez más y en estos días - que todo el mundo tiene, ya sea escalador o no puede ser una buena idea cambiar el valor por la discreción y la prudencia y elegir objetivos más modestos o, simplemente, irse de paseo por el bosque.

Un código de escalada

Con anterioridad ya se propuso en este texto un código de escalada, como una guía para la realización segura y lograda de la aventura de la escalada. La aplicación de estas líneas de guía limitará las consecuencias de un gran número de desarrollos inesperados. Aunque las cortas afirmaciones puedan parecerle al estudiante de segundo año demasiado inflexibles para sus operaciones y tan sólo aplicables al estudiante de primer año, los principios de esta lista reflejan las decisiones continuas de los alumnos de último año y los licenciados que disfrutan de su deporte. Vale la pena repetir los elementos del código, junto con una explicación corta de las razones que se encuentran tras ellos.

Una cordada de 3 es el mínimo, salvo si se dispone de un apoyo adecuado arreglado de antemano. Sobre los glaciares, se recomiendan dos cordadas. Estos tamaños del grupo son, por lo general, el mínimo que se necesita para poder dominar una situación de accidente. Los números sugeridos pueden, en ciertas ocasiones, ayudar a uno a retirarse de un paso demasiado ambicioso, pero la idea real es disponer de alguien que pueda iniciar el rescate y pueda ir en busca de más ayuda. Asimismo, existe un gran número de situaciones donde sólo una respuesta rápida puede ser la clave del éxito porque incluso el apoyo arreglado de antemano puede llegar demasiado tarde. La ayuda inmediata puede ser la única ayuda válida.

Hay que ir encordados en todos los tramos expuestos y en recorrido de glaciares. Ninguna persona sensible se cae intencionadamente dentro de una grieta abierta. La que causa los problemas es la grieta oculta, denominada de este modo porque puede resultar difícil de detectar, incluso para los expertos. El rescate de una grieta resulta mucho más fácil si la víctima va encordada y por tal causa queda colgando cerca de la superficie. Obviamente existen lugares expuestos donde uno puede estar de pie o sentado sin riesgo serio, pero, en la escalada continua, el cambio de atención, el cambio de humor, la posibilidad de perder el equilibrio o las obras de Dios pueden convertir rápidamente la exposición en fatalidad. El hábito de saber andar encordado donde un paso en falso puede ser fatal puede proporcionarle una carrera lo bastante larga para desarrollar el juicio sobre las variaciones.

Ancle todos los aseguramientos. Resulta posible localizar una postura de aseguramiento en la cual el asegurador no puede ser fácilmente arrancado si su compañero se cae; sin embargo, la dificultad radica en saber con seguridad que esta postura es verdaderamente a prueba de grandes tirones. La dirección y la magnitud de la fuerza que el asegurador debe mantener no se puede determinar con tanta facilidad y este hecho, combinado con la posible necesidad de atar al escalador que se cae, dictamina el emplazamiento y atado de un anclaje substancioso. Por último, al igual que en la discusión del encordamiento, un buen hábito basado en una amplia experiencia de la comunidad de escalada, reduce la posibilidad de elecciones erróneas, tanto en situaciones tensas como en situaciones relajadas.

Mantenga el grupo unido y obedezca al responsable o a la mayoría. Mantener al grupo unido concentra su fuerza, mantiene la comunicación entre sus miembros y reduce el número de lugares de reunión necesarios. Es verdad que algunos grupos son lo suficientemente grandes como para ser divididos en subgrupos autosuficientes, pero esto debe tan sólo efectuarse cuando los subgrupos son suficientemente fuertes para alcanzar el objetivo y cuando disponen de un liderazgo adecuado y definitivo. Resulta demasiado fácil dividir un grupo y dejarse llevar en grupos disidentes sin tener en cuenta las advertencias nombradas aquí. Algunas tragedias en la montaña han destacado este fenómeno. La aceptación total del liderazgo o de una decisión de mayoría no sólo hace posible un recorrido más relajado, sino que además reduce en gran parte cualquier tendencia a la desintegración del grupo.

No escale nunca por encima de sus habilidades y conocimientos. Intentar hacer movimientos que están por encima de las posibilidades propias o al límite de su conocimiento es un paso en el proceso de aprendizaje y crecimiento de un escalador, pero este proceso debe tener lugar, por lo general, en una situación de práctica - en travesías de bajo nivel y con aseguramiento superior - y no durante una escalada en serio. Cualquiera de estos movimientos debe estar provisto de una protección adicional, no sólo adecuada para evitar las heridas en caso de caída, sino también adecuada para permitir al escalador efectuar una retirada.

A la hora de elegir entre seguir la ruta o dar vuelta atrás, no deje que el juicio se vea nublado por el deseo. El deseo es un elemento muy útil en la aventura de la escalada, que reduce el cansancio a una molestia menor y consigue los mejores esfuerzos. Pero si no se limita, puede asimismo conducir a la catástrofe: sólo una media hora más, sólo hasta la próxima esquina, puede que esta roca aguante. Por supuesto la hora del regreso debe considerarse a lo largo del día, según la resistencia o debilidad actual del grupo, según las nuevas observaciones del tiempo, según si se tiene un detalle a mano de la superficie de recorrido y de la ruta. Pero la decisión de cambiar debe tomarse con la misma evaluación tranquila que cuando se toma la decisión original; ningún espejismo debe ser inducido a causa de la proximidad de la meta.

Lleve todo el tiempo la ropa, los alimentos y el equipo necesario. Casi todas las salidas que se prolongan demasiado acaban en un vivac forzado, cambiando así toda la naturaleza de la actividad. El equipo de protección, tanto técnico como el de supervivencia, no es para ser utilizado en casa y, cuando es necesario, si no se lleva no puede ser compensado por los nervios o la habilidad.

Confíe el programa de la salida a una persona responsable. Un programa que indique la ruta que se pretende seguir y la hora de regreso puede reducir altamente los costes y la demora en cualquier operación de búsqueda y rescate. Puede que la necesidad de tal ayuda no se pueda prevenir de antemano, pero los caprichos de la vida no deben desatenderse. Por lo general, el programa necesita tan sólo un detalle limitado, proporcionando la libertad de elegir según las circunstancias, aunque los cambios mayores necesitan evaluarse a causa de su repercusión en la protección. Por último la persona responsable reconoce las imprecisiones de las previsiones de tiempo y los escaladores reconocen responsabilidad para inscribirse en el camino de vuelta.

Siga los preceptos del montañero sólido expuestos en libros y publicaciones con méritos conocidos. Con demasiada frecuencia se publican informes de sucesos, fallos o accidentes de montaña en periódicos y revistas con emocionantes aventuras que contienen citas equivocadas, datos parciales u opiniones emocionales de autores que no practican el deporte. No obstante, existen autores de relatos de montaña, verdaderos montañeros que escriben, los cuales jamás dirán nada falso y cuya lectura siempre es muy educadora.

Compórtese todo el tiempo de un modo que no repercuta desfavorablemente sobre el montañismo.

LA ACTITUD SEGURA: Una base para el control

Hasta ahora se ha intentado analizar la doble naturaleza del peligro de escalada y de subrayar algunos de los conocimientos fundamentales para una actitud segura de parte del escalador, una actitud que no permite más que una proporción razonable de peligro en cualquier escalada.

El desarrollo de una actitud sana de montañismo sigue tres líneas:

Primero, todo montañero debe estar inculcado desde el principio de una actitud llena de respeto hacia las montañas, una comprensión de la relación básica entre sus riesgos y limitaciones.

Segundo, todo montañero escalador debe desarrollar una habilidad en la escalada y un conocimiento de las técnicas especializadas y del equipo como suplemento de sus habilidades naturales.

Tercero, el montañero debe encontrar - preferentemente a través de otro más experimentado - las situaciones reales que le enseñen la diferencia entre la seguridad y el peligro y que le permitan evaluar durante todo el tiempo su margen de seguridad.

El desarrollo de estas 3 líneas es paralelo: el aumento del conocimiento y de la práctica de la técnica está unido a la experiencia en las situaciones prácticas de montañismo, así como a la investigación intelectual de los fundamentos de esta actividad. El progreso se efectúa cuando el montañero comprende las razones del código de la montaña y decide seguir sus reglas. El estudio y la experiencia superiores le hacen comprender el peligro inherente tanto en la montaña como en sí mismo.

Utilizando estos conocimientos, un alpinista puede evaluar cualquier situación en montaña y está equipado para reconocer las causas fundamentales - la semilla - de las que puede surgir un accidente.

Cuando haya entendido todo esto sobre el peligro en montaña, el alpinista tendrá unas ideas definitivas sobre la clase de escalada que desea y el modo en que desea efectuarla. Estas ideas definen su actitud hacia el deporte, donde la consideración de la seguridad es un elemento primordial.

Una actitud de continuo recelo es de suma importancia. En una situación compleja, siempre existe algo que se puede haber pasado por alto. Siempre alerta, el alpinista medita su recorrido hacia la cima, analizando y evaluando, basando sus decisiones en un razonamiento sólido, preparado continuamente para los peligros ocultos y planificando de antemano encontrarse con ellos, sospechando sobre todo que hay algo que no ha podido detectar justo por encima de los límites de su consciencia.

Como consecuencia natural de su recelo, el buen montañero debe estar totalmente familiarizado con las técnicas de seguridad preventivas y correctivas, y estará dispuesto a enfrentarse al peligro si éste llega a desarrollarse. Al encontrarse en un glaciar, muy por encima de la línea forestal, se pregunta: ¿sería capaz de sobrevivir si ocurriera algo imprevisto, si fuésemos incapaces de descender según el programa y nos viéramos forzados a permanecer aquí durante toda la noche? El conocimiento de las técnicas de primeros auxilios y de rescate, más un equipo de emergencia adecuado, lo capacitarán para contestar siempre "si" o bien le incitarán a descender a tiempo y volver otro día cuando las condiciones sean más favorables.

Un montañero experimentado aplicará su seguridad al riesgo de las montañas, procurando reducir siempre el tiempo de exposición al peligro. En muchas ocasiones, un riesgo evidente no puede evitarse, como cuando el grupo se retira de una cumbre durante una tormenta repentina. Sea cual sea la razón por la que se ha tomado el riesgo, no es más que una cuestión de sentido común el mejorar las posibilidades de supervivencia alejándose lo más rápido posible del área de peligro, siguiendo, eso sí, un recorrido seguro.

El margen de seguridad es un concepto discutido con frecuencia por los escaladores; la evaluación individual de este margen personifica totalmente su actitud hacia el peligro de la escalada. Nadie puede predecir infaliblemente los límites de la seguridad, la demarcación exacta entre el recorrido de rutina y la catástrofe y el escalador juicioso tiene en cuenta esta incertidumbre manteniendo un margen de seguridad como un cojín entre él y el peligro. Este margen no es algo absoluto; varía continuamente según las condiciones cambiantes, pero idealmente proporciona un grado de protección constante al escalador.

Puesto que la seguridad descansa sobre un número de factores, tan pronto como una de las partes se debilite, se debe mantener el margen añadiendo resistencia en otro lugar. Por ejemplo, la ignorancia sobre la resistencia exacta a la rotura de la roca o la fricción exacta entre las botas y la vegetación, incitan al escalador a añadir cuerda. Si el grupo se considera incapaz de frenar una caída, él añadirá un aseguramiento y un anclaje. Cuando el tiempo no es estable, lleva ropa y comida adicional e incluso equipo para establecer un vivac y marca la ruta con más precisión. Sabiendo que los rappels fallan algunas veces, el escalador utiliza la técnica con cuidado y asegura a todos durante este descenso. Si uno de los miembros del grupo es débil o inexperimentado, se mantiene un equilibrio en la resistencia añadiendo un compañero fuerte o eligiendo un objetivo menos difícil. La lista puede alargarse hasta el infinito, pero el principio es siempre el mismo: la debilidad de uno de los factores de seguridad se contrarresta reforzando otros factores.

Tales son algunos de los elementos de la seguridad en las montañas. Sólo los ignorantes o los temerarios siguen adelante a ciegas en un trayecto peligroso. El grupo de escalada bien entrenado prosigue con seguridad en las montañas, dirigido con habilidad por un responsable que ha planificado con cuidado cualquier eventualidad razonable.

El colocar un margen apropiado de seguridad y controlar el peligro de la escalada depende de su conocimiento y juicio.